El taller se presentó con un cuidado diseño inspirado en la primavera, invitando a los más pequeños a explorar libremente. Los niños y niñas no solo degustaron el yogur, sino que también lo utilizaron como pintura, experimentando con pinceles, dedos y manos para dar forma a un gran mural colectivo. La creatividad fue la protagonista, ya que podían tomar la “pintura” tanto del panel preparado como de los propios recipientes de yogur.
Además, la experiencia se enriqueció aún más al realizar la actividad descalzos, lo que permitió al alumnado disfrutar del contacto directo con la textura y temperatura de la mezcla. Entre risas, colores y alguna que otra caída, los pequeños vivieron una jornada llena de sensaciones.
Sin duda, una actividad que ha despertado los sentidos, fomentado la expresión artística y, sobre todo, ha permitido al alumnado disfrutar al máximo de una experiencia única y divertida.
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